Para países como El Salvador, su realidad política y social normalmente pasa desapercibida. No suele aparecer en las noticias los casos de corrupción de países pequeños y con poca trascendencia a nivel mundial. Sin embargo, todo se intensificó en 2022 con la difusión masiva, vía redes sociales, de los operativos contra las pandillas. Desde ese momento, todo el mundo prestó atención al país centroamericano, algunos con asombro y respaldo al accionar del ejecutivo nacional, y otros con preocupación por lo institucional.

Bukele asume la presidencia de su país con una pesada realidad donde las maras tenían el control total. Estos grupos tenían clara vinculación con los círculos de poder, sometían a los barrios a que se hiciera su voluntad; ellos eran la ley tanto en las calles como en las propias cárceles, y quedó demostrado con la cantidad de videos filtrados donde se veían las fiestas internas llenas de prostitutas y drogas, como si fuera una fiesta callejera. ¿Cuál fue el resultado del libre accionar de las maras? Cerrar 2019 con 2.390 homicidios registrados.

  • 2019: 2.398 homicidios, con una tasa de 38,0 por cada 100.000 habitantes.
  • 2020: 1.341 homicidios, con una tasa de 21,2.
  • 2021: 1.147 homicidios, con una tasa de 18,1.
  • 2022: 495 homicidios, con una tasa de 7,8.
  • 2023: 154 homicidios, con una tasa de 2,4.
  • 2024: 114 homicidios, con una tasa de 1,9.

Es innegable la baja en los homicidios desde que Bukele es presidente. No tiene sentido entrar en la discusión de si está bien o mal que las maras tengan poder como antes, si está bien o está mal que un gobierno priorice el bienestar de su población antes que los negocios con pandillas. La realidad de El Salvador es infinitamente superior a la que se vivía previo a la llegada del actual gobierno, y eso se manifestó en la reelección del oficialismo en el año 2024, obteniendo el 83%.

La conversación que propongo con esta nota pasa por otro lado, no tanto por los buenos resultados obtenidos en estos últimos años, sino por el camino recorrido para llegar a ver el cambio de realidad de El Salvador. ¿El fin justifica los medios?

El sistema democrático y las líneas grises

Que un gobierno sea electo, popular y se renueve en el cargo no siempre es sinónimo de que esté alineado a los principios constitucionales. En la historia, podemos encontrar muchos casos que muestran a los oficialismos jugando con los límites de las leyes o haciendo reinterpretaciones acomodadas al momento histórico.

El 9 de febrero de 2020, Bukele entró al recinto legislativo custodiado por policías y militares para presionar a los diputados de entonces con el fin de que aprobaran un préstamo de 109 millones de dólares destinado a financiar su plan de seguridad. Esta acción fue catalogada por diversos sectores como un "intento de golpe de Estado" y, según expertos consultados por EFE, ha tenido "graves efectos" para la institucionalidad del país. Finalmente, ese préstamo fue aprobado el 12 de mayo de 2021 por una nueva Asamblea Legislativa, ya dominada por el oficialismo.

Nayib Bukele irrumpe con militares armados en el Congreso salvadoreño

Con esta nueva mayoría parlamentaria, el siguiente paso fue el desmantelamiento de los contrapesos institucionales. El 1 de mayo de 2021, la Asamblea destituyó de forma abrupta y sin debido proceso a los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. Meses después, los nuevos magistrados, afines al gobierno, reinterpretaron el artículo 152 de la Constitución —que prohíbe la reelección presidencial inmediata— y abrieron así la puerta para que Bukele se postulara a un segundo mandato consecutivo.

Otra polémica que abre el debate sobre el manejo constitucional de El Salvador es el régimen de excepción por el combate a las pandillas que rige desde marzo de 2022. Este régimen, por ley, suspende las garantías constitucionales, como el derecho a defensa o a saber el motivo por el cual es acusado un detenido. Lo más relevante no es la implementación, sino la extensión del mismo. Por ley, solo puede aplicarse por un lapso de 30 días, pero en el gobierno de Bukele se prorroga mes a mes. 

¿El fin justifica los medios?

Imaginemos que El Salvador sigue igual o peor que antes de la llegada de Bukele. Supongamos que un presidente gana las elecciones en 2019, toma las mismas medidas que el actual mandatario, pero no consigue ganar la batalla contra las maras. Claramente, estaríamos ante un fracaso no solo del Ejecutivo, sino también de todo el sistema político por promover e incentivar el repetido accionar de un gobernante que no logra sus objetivos.

Eso no sucede actualmente. Es evidente que Bukele logró en muy poco tiempo impactar positivamente a su nación con las decisiones tomadas. ¿Rosa lo inconstitucional? Sí, pero hay resultados. La pregunta que puede surgir es: ¿es preferible una democracia mal aplicada o un nuevo sistema donde se garantice un buen estilo de vida para el general de la población?

Según los últimos estudios, el apoyo hacia el sistema democrático es cada vez menor y eso se puede ver claramente en Latinoamérica. Muchos latinos desde el 2022 ven en TikTok cómo Bukele mismo comunica todo lo que se hace, filma las detenciones, filma las cárceles, filma y comparte. Basta ver los comentarios para encontrar el porqué es actualmente uno de los presidentes con mayor popularidad de América; la gran mayoría comenta: “ojalá pueda ver eso en mi país”.

¿Quieren un sistema antidemocrático? No. ¿Quieren un presidente superpoderoso? No creo. Simplemente quieren trabajar, ganar un salario digno, invertir su dinero con libertad y transitar la vida sin pensar en que un grupo violento les interrumpa una vida pacífica. Aquí es donde la democracia corre peligro, ya que defender un sistema con el argumento de “blanco o negro”, es decir, “democracia o dictadura”, en los próximos años no será suficiente.

El interés por la militancia política es cada vez menor en los sub 35. Lo que podemos ver con mayor intensidad es más pasión por defender ideales y valores, no sistemas, no políticos y no partidos. ¿Y si estamos a punto de presenciar un cambio de paradigma? ¿Y si en los próximos 15 años la democracia evoluciona a otro sistema donde dejemos de ver folletos con caras de personas buscando votos? Es importante seguir lo que ocurra en El Salvador de cerca; quizás encontremos en ese país centroamericano una ventana hacia el futuro del sistema político.