De Alfonsín a Milei: ¿Qué hizo cada gobierno argentino por Malvinas?
A 43 años del inicio de la Guerra de Malvinas, analizaremos la estrategia argentina antes y después del conflicto bélico. ¿Se observó algún cambio en vista de la recuperación de las Islas?
Hoy se cumplen 43 años del inicio de la guerra y se conmemora el “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas”. En una jornada como esta, es oportuno recordar el impacto que tuvo el conflicto en la disputa entre Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
La Resolución 2065 de las Naciones Unidas, dictada en 1965, reconoce la existencia de una disputa entre nuestro país y el Reino Unido, e insta a las partes a negociar para encontrar una solución pacífica a la controversia. Desde 1966 hasta 1982, existieron negociaciones entre ambos países, que nunca llegaron a buen puerto, dañadas por diversos actos unilaterales británicos, que iban en contra de lo que dictaban las Naciones Unidas.
El 3 de abril, un día después del desembarco argentino en las islas, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 502 por diez votos a favor, uno en contra (Panamá) y cuatro abstenciones (España, la URSS, China y Polonia). Dicha resolución exigía el cese de las hostilidades y el inmediato retiro de todas las fuerzas argentinas de las Islas Malvinas. Después de 74 días, el Reino Unido recuperó las islas y reanudó su ocupación ilegal.
La situación después de la guerra
Terminado el conflicto armado, la actitud negociadora británica se retrajo aún más. En noviembre de 1982, la ONU aprobó la resolución 37/9, en donde la Asamblea General pronunció que dicho conflicto no había alterado la naturaleza de la controversia de la soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las Malvinas.
En este contexto asumió en 1983 Raúl Alfonsín, inaugurando la nueva etapa democrática. El oficialismo estaba avocado a recomponer la imagen de Argentina en el mundo, por lo que se concentró en trabajar en organismos multilaterales con diferentes países con este propósito.
“Nuestros esfuerzos deben tender a la incorporación definitiva de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur al territorio nacional. Esta es una reivindicación legítima, y en este sentido el desenlace militar no puede cambiar las cosas; de ahí que alentaremos cualquier esfuerzo que tenga por objeto la negociación con el Reino Unido tendiente a cumplir con las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en especial la 2.065 (XX) y la 37/9, que invitan a las partes a resolver mediante negociaciones la cuestión de la soberanía sobre las islas.”, declaró el ex presidente.
El reclamo internacional siguió vigente, y a finales de su gobierno se avanzó sobre la fórmula del “paraguas de soberanía”, que sería implementada en el siguiente gobierno peronista de Menem.
En octubre de 1989, con Menem al poder, se restablecieron las relaciones diplomáticas entre ambos países. En febrero de 1990, mediante las declaraciones conjuntas de Madrid, se acordó instaurar la fórmula del paraguas de la soberanía. Esto significaba que ninguno de los acuerdos que se hubiesen alcanzado o se alcancen en el futuro entre ambos países implicaría modificar las posiciones de ambas naciones respecto a la disputa sobre la soberanía de las Islas.
En los posteriores gobiernos, no se realizaron avances con resultados concretos para la recuperación de las Islas. A pesar de sus posturas disímiles, los gobiernos kirchneristas y el mandato macrista llegaron a resultados parecidos. Durante el kirchnerismo, desde el gobierno de Néstor Kirchner, se optó por una política de confrontación constante con el Reino Unido. Por ejemplo, en 2007 se finalizó el acuerdo de 1995 con el Reino Unido para la explotación de hidrocarburos en el Atlántico Sur. Con Cristina Kirchner, siguió la misma postura, y el Reino Unido no se movió de su posición antinegociadora. La actitud oficialista fue más discursiva que eficiente, y no se registraron avances concretos en los cuatro períodos kirchneristas (incluyendo a Alberto Fernández).
El 11 de marzo de 2013, el gobierno británico organizó un referéndum para consultar a su población sobre si deseaban que las Malvinas mantuvieran el estatus de “territorio británico de ultramar”. El “sí” resultó triunfante con el 99,8% de los votos. Esta maniobra fue meramente política y mediática, ya que en el plano internacional esto no tiene asidero.
Mauricio Macri intentó bajar las tensiones entre los países, con un acercamiento económico, político y cultural con el Reino Unido. Específicamente, se identificaron los restos de los 90 soldados caídos en el cementerio de Darwin, y también se negociaron vuelos y acuerdos de pesca, reflejados en el acuerdo Foradori-Duncan de septiembre de 2016. A pesar de ello, no se vieron resultados de fondo, al igual que en los gobiernos anteriores.
Estos escasos avances también tienen que ver con la postura del Reino Unido, que alega que no habrá negociación hasta que se tomen en cuenta los deseos de los isleños, a quienes consideran un “pueblo” que tiene derecho a autodeterminarse. El gobierno británico cita la resolución 1514 de la ONU, que invita a “todos los pueblos a autodeterminarse”. Sin embargo, los isleños en las Malvinas no tienen ese derecho, ya que no pueden considerarse pueblo, debido a que para ser considerado como tal debe ser autóctono. Esto significa que debe ser originario de dicho territorio. Este no es el caso de los kelpers, que son una población implantada mediante políticas demográficas del Reino Unido. En la resolución 2065, se detalla que en las negociaciones se deben tener en cuenta los intereses de los habitantes de las islas, no sus deseos. Esto descarta por completo la postura británica.
¿Soberanía o nada?
Es importante señalar que, en la actualidad, toda propuesta de resolución del conflicto debe ser coincidente con lo establecido en la Constitución reformada en 1994.
"La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.", explica la Carta Magna.
En principio, no se permitiría otro acuerdo que no fuera la transferencia plena de soberanía tanto de las Malvinas como de los demás espacios insulares y marítimos referidos. En la actualidad, y desde 1989, el examen de la Cuestión Malvinas está en el Comité Especial de Descolonización de la ONU, donde se renueva anualmente el reclamo argentino.
A pesar de las voluntades políticas, el conflicto no se ha acercado a una resolución. Esto tiene diversas razones. Si bien la postura británica ha sido inamovible, los vaivenes económicos e institucionales argentinos no han ayudado a fortalecer la postura del país en el plano internacional. Los presidentes argentinos han cambiado estrategias, pero en el fondo los resultados han sido los mismos. El contexto internacional no luce muy favorable. Estados Unidos intentará anexar Groenlandia, alegando cuestiones de “Seguridad Nacional”. Rusia probablemente vea legitimada su agresión a Ucrania al incorporar parte de su territorio. ¿Qué antecedentes pueden dejar esta acciones? ¿Es legítimo que las potencias se queden con territorios ajenos mediante la fuerza?
Está claro que Argentina no puede recurrir a otra guerra, por lo que la solución probablemente no esté a corto plazo.
Las circunstancias internacionales podrán fluctuar, y quizás aparezca una ventana para avanzar con negociaciones diplomáticas serias. Pero para ello, el país debe tener otro peso en el mundo, con una consistencia económica que lo respalde, además de un sostenimiento de una verdadera política exterior que trascienda gobiernos. El reclamo anual ante la ONU es valioso, ¿pero cuán más valioso sería si en las cuatro décadas democráticas el gobierno argentino hubiera mantenido un mismo rumbo en cuanto a su política exterior? Seguramente la presencia internacional sería otra.
Por último, y quizás más importante, la situación sería distinta si el país hubiera tenido un rumbo más favorable en cuanto a su andar político y económico. Es por ello que el desafío es, en primera instancia, interno, para luego poder trasladarlo al exterior. En esta linea declaró el presidente Javier Milei en el acto conmemorativo de hoy. "Siempre dejamos claro es que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies. Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros", esgrimió.
“Por eso buscamos ser una potencia a punto tal de que ellos quieran ser argentinos y que no haga falta usar el convencimiento o la disuasión para lograrlo”, explicó el Presidente.